Guinzburg habló de su salud y festejó el éxito de su ciclo

Conservar el humor, a pesar de todo. Premisa personal que vence el rigor histórico, sabe pregonar en sus equipos de trabajo y riega disparando carisma a mansalva entre su público. Un valor agregado al don nato de saber hacer reír. Jorge Ariel Guinzburg (57) ha regresado. Espontáneo, despojado de cualquier especulación popular sobre su ausencia, sagaz y creativo, cualidades que aprendieron a compartir el periodista y el humorista que conviven en su ser. Y como dijera alguna vez: “No obstante el poco espacio.” Asegura haber alcanzado el punto exacto de asumirse un tipo inteligente y sentirse obligado a dar mérito con creces a su espíritu de lucha. Animo que blindó las ideas que escaparon del taxi que solía conducir, y las mismas que hoy trascienden más allá de las planillas de mediciones de audiencia. Cinco años han pasado ya, de la insistencia de Guinzburg por despertar más temprano a los televidentes. Una causa que defendió constante hasta el 16 de mayo de 2005, día del debut de sus “Mañanas informales”. Una vez más, el rating habló de su certera puntería. “Todos los días, desde empezado el ciclo, me levanté a las 05:30 para ser el número uno, pero sigo siendo el de siempre, feliz de saber que mi triunfo no mata a ninguno de mis colegas de la competencia”, asintió en ese momento en que su debut comenzaba a reestructurar las pautas televisivas para siempre. “´Mañanas informales` me enseñó que día a día hay que saber superar la propuesta. Cambiamos el despertador del público, duplicamos el encendido a las 09:30, e inauguramos un nuevo prime time en la televisión.”500 emisiones: “500 razones de felicidad. Esto significan 1.750 horas en el aire, algo así como 10 años de cualquier ciclo normal. Y poder celebrarlas con este grupo de amigos resulta un placer enorme”. En el control, Andrea Stivel (43), productora general y mujer de Guinzburg desde hace veinte años, confesaba: “Hemos invertido mucho en cotillón y no tendremos el clásico clip de bloopers, porque celebramos con la mirada hacia adelante”. Mientras, en el estudio, Ernestina Pais (35), quien supo tomar las riendas del ciclo, decía: “Jorge, te contratamos para conducir la fiesta”, a lo que el payaso Malaonda (Marcos “Bicho” Gómez -43-) completaba: “Yo no sé cómo estás, pero se te ve muuuuy descansado”.Una y quinientas veces, Jorge ha confesado que el poder de jefe nunca le ha interesado, que ha bajado sus decibeles de dura exigencia, que a todo le da un toque paternal y que los intentos de convertir el ámbito de trabajo en un club de amigos son conscientes y constantes: “La clave de cualquier éxito es la química de las partes. Como jefe e integrante de un equipo, soy realmente feliz cuando me siento querido.” Y algo de eso se percibe en su regreso a los estudios. “Sin dudas, el reencuentro con la gente es una necesidad diaria. Por eso, la tremenda emoción de hacerlo concreto en la celebración de las 500 emisiones fue una felicidad extra.”Jorge asegura que no hay día que despierte pensando en modificar alguna cosa del formato habitual y que, a partir de estos primeros 500 programas, le es difícil imaginar cómo será el ciclo cuando logre alcanzar los 1.000. Pero hay una clave para la fidelidad: “Siento que se trata del equilibrio entre lo periodístico y la locura espontánea. Trabajo pensando en que aquellos que ven `Mañanas Informales` puedan informarse sobre todo lo que está pasando y, a pesar de todo, sigan conservando el buen humor”. No hay quien no quiera volver a verlo sentado en el sofá del programa. Pedido unánime, respuesta contundente. “Supongo que en muy pocos días voy a retomar la actividad normal. Mientras tanto, intento mantener mi presencia a través de un reportaje diario, de una serie de entrevistas que grabo una vez por semana.”Pero, ¿cuál ha sido la causa real de su ausencia? “Es consecuencia de un tema histórico, mi viejo problema bronquial. Un resabio de mi infancia que cada tanto, me juega una mala pasada. Y este año me afectó más que de costumbre. El 9 de Julio, por ejemplo, mientras todos festejaban la caída de los copos de nieve, yo hubiese preferido una ola de calor con incendio forestal incluido”, afirma.Y, sobre cómo sobrelleva este momento, Guinzburg responde: “Una pregunta mucho más fácil de responder hoy, cuando me siento mejor y a punto de retomar las actividades. Si me la hubieses hecho hace un mes, habría contestado: `Mirame bien, y te vas a dar cuenta`”. Pasaron más de 60 días, desde que el médico sugirió reposo absoluto. “Cuando comencé a darme cuenta de que no me sentía bien, no quedó otra que parar un poco y consultar a los que saben” –dice-. Pero sabiendo de su hiperactividad, surge el interrogante: ¿Cómo se logra mantener a Guinzburg en casa? “Fueron dos meses de un Jorge muy casero, escribo bastante, adelanté la lectura de varios libros que tenía postergados y, por supuesto, me dediqué a ver mucha televisión”, confiesa. Un ámbito de protección donde sobra el afecto. “Mi familia y mis amigos son fundamentales. Ellos hacen que cualquier situación, por más difícil que sea, me resulte siempre mucho más fácil de superar.” Un círculo de contención del que el público no queda exento: “Cuando comencé a trabajar en los medios, suponía que la motivación era el poder expresarme y comunicarme. Con el tiempo, descubrí que, también, convivía la secreta esperanza de sentirme querido. En ese sentido, las cartas que hoy llegan al programa, los mensajes en mi correo electrónico fueron la mejor respuesta que pude recibir. No existieron reclamos, sólo preocupación y los mejores deseos. Si buscaba pruebas de cariño, este tiempo me gratificó con creces.”Sobre la posibilidad de tener una vía más en la comunicación directa con ese afecto, se dispara una pregunta: ¿Qué quisiera que la gente lea a través de esta nota? Jorge Guinzburg responde así: “Simplemente quisiera expresarles mi agradecimiento y decirles que, si bien la ciencia hizo todo lo que pudo, ya estoy bastante bien y en condiciones de seguir fastidiándolos como siempre”.http://www.caras.uol.com.ar/edicion_1343/nota_01.htm