Margarita Wais presenta a su hija

El 22 de enero de 2007 todo cambió para Margarita Wais (36). Las coordenadas de su vida modificaron su norte, la felicidad se volvió rutina y el disfrute, una constante. En la intimidad de su deslumbrante casa de Nordelta, recordar el día en que nació Violeta, su primera hija, sin emocionarse, resulta una tarea ardua para ella. “Mi beba nació a las 13:40, pesó 3,600 kg, y llegó al mundo por parto natural. La maternidad fue por mucho tiempo un deseo postergado. Como deportista y periodista siempre viajé por el mundo, pero no me había enamorado nunca y, por consiguiente, no anhelaba formar una familia. Violeta transformó mi casa en un paraiso”, relata la ex campeona argentina y sudamericana de squash, y conductora, desde hace nueve años, del noticiero “Fox Sports Noticias”, una pionera entre las mujeres periodistas especializadas en deportes.Confiesa que en Mariano (42), su esposo desde hace siete años, encontró al compañero ideal para formar una familia. Junto a él concibió y decoró la casa de estética minimalista y arquitectura de vanguardia, en la que conviven. “El ya tiene dos hijos varones, de 15 y 17 años, y está canchero para cambiar pañales, mucho más que yo. Es un padre ejemplar y eso fue algo que me enamoró. Con Violeta cumplió el sueño de tener la nena”, afirma Margarita.— ¿Le cuesta dejar de ser el centro de atención?—Hay que reconocer que a las mujeres nos gusta serlo. En mi caso fue bueno desistir de ser el centro. Nunca fui una mujer de hogar, pero descubrí que ser mamá me encanta, porque marca un antes y un después. A mí me liberó y me infundió fortaleza. Hoy tengo menos temores y soy más arriesgada. Es como si la vida hubiera avanzado de golpe. Siempre fui de correr mucho. La mirada de Violeta me relaja y me hace bien. Cuando estoy con ella el tiempo se detiene, y eso es algo maravilloso.—¿Cómo fue creciendo la relación con su hija?—El primer mes siempre es complicado porque tenés que estar muy pendiente y la rutina es más bien productiva y esquemática. Pero luego, se empieza a reír, a comer y se establece un diálogo. Voy armando un código con miradas picarescas o dulces, y también a través de los silencios. Hay canciones que le canto desde que estuvo en la panza, como “La luna bajó en camisón”, de María Elena Walsh, una canción que me cantaba mi mamá. Acostumbré a Violeta a mis horarios. Me gusta bañarla y hacerla dormir por las noches, aunque llegue tarde.—¿La experiencia de ser mamá es muy distinta a lo que imaginaba?—Al principio estuve angustiada y debí recuperarme físicamente, porque fue un cambio muy grande. Aprendés cada día. La que dice que no sufrió, miente. Creo que a veces a las mujeres nos da pudor reconocerlo. Pero, sinceramente, ya no recuerdo mi vida anterior. Deseaba una nena, y ser mamá es una vivencia que superó mis expectativas.—¿Qué tipo de madre fue apareciendo en usted?— Históricamente siempre fui muy autoexigente, y lo soy como mamá. Una sufre mucho siendo así, porque busca la constante evolución. Hoy trato de no ser tan obsesiva. Entiendo su llanto, me he vuelto tolerante y, simplemente, no me exijo tanto. Volví a trabajar a los cuatro meses del parto, y busco ser una mamá activa y moderna. Me cuido, porque quiero seguir siendo sexy. Entreno con un personal trainer, voy al centro de estética del Dr. Pisanú y cuido mi piel con Mabel Tamarit, mi dermatóloga. En fin, disfruto de mi hija, del amor de mi marido y de mi vida.— ¿Qué cosas ya no serán las mismas?El trabajo es importante, pero ahora tengo alguien en quien pensar, porque ante todo está primero mi hija. Hoy siento que no puedo enojarme por cualquier cosa. Siempre fui bastante seria. Violeta modificó esas características y me hizo un ser mucho más amable, me dio herramientas. Ahora puedo jugar. Ser mamá es una competencia diaria.http://www.caras.uol.com.ar/edicion_1343/nota_04.htm